Gran final
El interruptor
Contrastes

Hace unos días venía en el camión rumbo a mi casa, era una tarde nublada y lluviosa, situación que me desagrada totalmente. Sentado en la butaca me hice participe de las conversaciones de los que allí se transportaban conmigo, a falta de música en los oídos, comenzé a hojear una revista que acababa de comprar, pero no leí más allá de una página porque me suelo marear cuando leo en movimiento. A través de la ventanilla observaba los lugares por los que suele atravesar la ruta, árboles, casas, semáforos, ví a un perro echado afuera de una carnicería, el cual me dio mucha risa porque con el deambular de la gente se encontraba tan tranquilo, como aquel que se encuentra de vacaciones esperando un coctel de bienvenida.
En vela

De prisa, porque no hay tiempo...
En el supermercado

La vida es así, un corredor lleno de múltiples productos, sensaciones, momentos, sabores, experiencias que nos llevan de un lugar a otro. Lo desconcertante en ocasiones es que por lapsos de tiempo indefinido, tenemos ante nosotros un mar de opciones - unas más llamativas que otras - las cuales, cada quien por propias intuiciones no toma y escojemos lo que ya conocemos; o en su defecto tomamos otro producto y con el paso del tiempo se va tornando en lo que ya conociamos dejándonos como al principio de aquel descubrimiento o más confundidos aún.
Por eso me gusta ir al centro comercial, porque cada vez que estoy ahí y con quien vaya, doy inicio a mis pequeñas observaciones en los rostros de la gente que está pensativa en lo que va a tomar y llevarse a casa. Me gusta hacerme la idea de que están escogiendo el rumbo de sus vidas, me gusta pensar por ellos cuando toman un producto diferente al acostumbrado creyendo que va a cambiar el curso de su destino a sabiendas que en un lapso determinado de tiempo se hartarán del mismo y buscarán algo más, que los haga sentir nuevos otra vez. Es como pasar por cada pasillo, deleitarse con el mar de colores y sabores, escoger - dejar, equivocarse - acertar, soñar - despertar, reir y llorar el enigma de la cosas que nos va llevando de un corredor a otro, tratando de decifrar el acertijo de la vida misma y pareciera en ocasiones el " Eterno retorno" del buen Nietzsche.
Lecturas

Viernes por la noche



